10 segundos con el Señor
Muchos en la vida Oramos con gran fé y con una gran convicción de que no lo estamos haciendo en vano, pues sabemos que nuestras oraciones son una de las formas más divinas y sagradas para poder comunicarnos con nuestro Creador.

Es asà que cuando Oramos, nuestra mente se pone ante nuestro cuerpo pero guiado por nuestro espiritu, que se conecta de manera directa con nuestro Padre DIOS, pues lo sentimos, lo extrañamos y creemos que nada ni nadie puede igualar, peor aún superar dicha emoción contenida en esa conversación.
Muchas de nuestras lágrimas son enjugadas por un pañuelo sagrado que solo DIOS nos otorga, haciendo que esas lágrimas fluyan y vayan dando paso a algo bueno que vendrá después, nuestra alegrÃa y gozo en el Señor.
Muchas personas que tienen la posibilidad de Orar con el Señor, sienten en tan corto tiempo una alegrÃa indescriptible, misma que dura por mucho tiempo y que es el signo más evidente de que DIOS nos ama, a lo que nosotros por lo general respondemos con canticos de agradecimiento hacia nuestro Señor, o con alabanzas de las que DIOS se siente complacido y que por diferentes modos nos dice que las cosas progresarán y serán mejor en el.
10 segundos con el Señor son más importantes y de más vida que todo lo que hayamos pasado en el mundo, pues no hay nada en la tierra que nos pueda dar esa alegrÃa. Cuando has conocido al Señor y te puedes comunicar con él, lo haces abiertamente sin temer de que se entere de algo que no querÃas decir, porque sabes bien que DIOS todo lo conoce y que no tienes porqué ocultarle nada, es una relación tan grande y fuerte la que estableces en ese momento que nadie puede impedir que sientas emoción por tenerlo en ti.
Si has tenido esa inmensa alegrÃa de estar 10 segundos con el Señor, sabrás a lo que me refiero y si aún no has tenido esos 10 segundos con el Señor, pues solo dobla tus rodillas e inclina tu cabeza a manera de reverencia por nuestro REY que es DIOS, entonces empezarás a sentir de a poco lo que siempre quisiste, una felicidad que te llena el alma.
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