La iglesia en nosotros
Jesús es nuestro Señor y Salvador, nadie como él. Es así como lo sentimos todos quienes confiamos en su palabra, quienes creemos que fué enviado por DIOS al mundo para nuestra Salvación y que su sangre bendita fué derramada con ese mismo propósito.

Cuando escuchamos la palabra de DIOS, no solo debemos de dejarla en nuestros oidos, sino que debe de asentarse con fuerza en nuestros corazones para poder hacerla de acuerdo a sus enseñanzas.
Existe muchas personas, -no puedo mencionar si todos son cristianos o no, ya que el cristianismo lo llevamos en nuestras vidas y en nuestro corazón-, que asisten a la iglesia, sea católica, evangélica o cristiana, no importa en éste momento la inclinación a la que el asistente se dirija.
He podido notar por muchas ocasiones que muchas de las asistencia a los lugares de Culto se realizan “con gran motivación y fé”, tanto así que puede notarse la gran atención de cada uno de los asistentes por cada palabra que un Pastor menciona y predica.
Pero, ¿qué pasa al salir de la iglesia?
El comportamiento de muchos cristianos cambia radicalmente, pudiendo notarse que todo lo predicado por el Pastor no se logra cumplir de la manera que Jesus quisiera que se hiciese, pues si ponemos algunos ejemplos podremos ver que algunos suben a sus autos y se desesperan en su trayecto a la casa, antes de terminar la predica, muchos ya tienen lista su chaqueta para salir tempranamente del Culto, padres regañan en mala manera a sus hijos y cosas por el estilo.
El hecho de visitar a la iglesia y escuchar la predica que se ha dado en el Culto, no quiere decir que ya hemos cumplido con lo que dice la palabra, porque la palabra no debe de quedarse solo en elos oidos, sino que tiene que entrar en el corazón para que pueda florecer y crecer en nosotros y hacernos mejores personas.
Si llevamos la palabra en nosotros, seguro que podríamos decir que llevamos también a la iglesia con nosotros y dentro de nosotros, lo cual es lo que DIOS quiere para su Gloria, pues nunca sabemos que se presentará algún momento en el que nos tocará predicar a alguién necesitado y con sed de Jesús, por ello es que siempre debemos de estar en paz y con pleno conocimiento de cada una de las enseñanzas de Jesús.
Bendiciones.
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